Warning: file_exists() [function.file-exists]: open_basedir restriction in effect. File(/home/httpd/vhosts/marcoypolo.es/httpdocs//wp-content/uploads) is not within the allowed path(s): (/var/www/vhosts/marcoypolo.bepixel.com/httpdocs:/tmp) in /var/www/vhosts/marcoypolo.bepixel.com/httpdocs/wp-content/plugins/podpress/podpress_class.php on line 155
Marco y Polo

Miri: La Ciudad de la Esperanza

Escrito el 19 de Diciembre de 2007

Hay gente que ronca en los sofás de sus casas cuando empieza la película de las diez. Otros abren mucho la boca a la hora de la siesta. También hay los que tienen insomnio (porque uno sólo duerme cuando sabe de qué quiere descansar…) Y también algunos sueñan. Sueñan y sueñan: esos duermen bien. Su cuarto huele a lago estancado. Se pueden pasar la vida durmiendo. Por último están los que también sueñan mucho… y además se despiertan. Son los soñadores-catapulta.
Comunidad Esperanza nace uno de esos sueños que hacen despertar. La realidad del Barrio del Esfuerzo, en la ciudad de Cobán. Miles de niños y de madres que no leen ni los carteles del mercado. Que miran al suelo cuando les preguntan cómo se llaman. ¿Cómo en muchos otros lados? Sí. Es una pena, pero qué se le va hacer… Vamos a dormir, anda…¡No! (En ese momento alguien despierta) En cuatro años, más de doscientos niños acceden a la educación, muchos finalizan su bachillerato. (Ahora despiertan algunos más) Las madres exiliadas aprenden a cultivar la tierra. (¿Cuántos tiran sus sábanas al suelo?) La Comunidad se convierte en Ciudad y ahora, en las colinas de Cobán crecen aulas, sanatorio, talleres… Cientos de hombres y mujeres encienden las luces de sus dormitorios.
Soñar, ilusiones que son catapultas. Atreverse a usar esos sueños como la mejor de las armas ¡Y ahora despertar!

PD: El video del proyecto es cortesía de nuestra querida Águeda Perucho (¡Mil gracias, rubia!)
Para más información sobre la Ciudad de la Esperanza podéis visitar www.comunidadesperanza.com.

Polo: El misterio en lo profundo

Escrito el 16 de Diciembre de 2007

Miras a los lados y sólo ves el verde de la frondosidad. Cuando coronas una colina aparece el valle despejado de cualquier construcción humana: sólo los árboles, las aves y algún mamífero escondido entre las plantas. En cualquier lugar del mundo, esta mera vista justifica la excursión, pero no en Guatemala.
Monte adentro, empieza a resonar el río de fondo. El paseo por la ribera siempre es agradable, pero habiendo tantos ríos ¿por qué venir a uno que está tan lejos? ¿Qué misterio oculta Semuc Champey?
Como si nos escuchara, Guatemala comienza a contestar nuestras preguntas. Las aguas se van calmando y adquieren una tonalidad esmeralda. La piedra caliza ha formado lagunas cristalinas en forma de terrazas, una encima de otra, unidas por diminutas cascadas, ahora de color turquesa. Es una escalera de magia que asciende valle arriba. La fuerza del río se torna calma para que puedas disfrutar de un baño algo tibio en sus resbaladizas piscinas. Pero, ¿dónde se ha ido el agua? Unos metros más arriba siguen las respuestas.
Ribera arriba, el torrente es salvaje, pero desaparece bajo nuestros pies. Sobre el río, a modo de puente, la roca caliza ha formado estas terrazas y el manantial ha llenado las pozas. Más abajo, vuelve a aparecer para seguir su camino. “Oculto en lo profundo”, o Semuc Champey en lengua Queqchi es cómo los indígenas conocen este lugar, este misterio, uno de los más bellos de Guatemala, uno de los más bellos del mundo.

Miri: La sangre del volcán

Escrito el 7 de Diciembre de 2007

No hace buen tiempo esta mañana. Los volcanes que circundan Antigua están semiocultos por las nubes. Desde mi balcón sólo se distinguen algunos picos rompiendo la bruma. Pero a pocos kilómetros de la habitación, los ríos de lava siguen avanzando… El volcán Pacaya despierta, despacio, somnoliento. Al igual que los árboles Ent de Tolkien, Pacaya se reviste de un tiempo que no es el de los hombres. Lleva veinte años desperezándose. Antigua es la ciudad frontera entre estos dos tiempos. Hacemos honor a la curiosidad –o soberbia- de nuestra raza y decidimos cruzar el umbral. Un, dos, tres y…
A pocos kilómetros el suelo es negro. Eso que piso es piedra fundida, un extraño chirriar me lo recuerda. Negro y verde. La vegetación nos cierra el paso, pero la curiosidad es cada vez mayor y cruzamos. Pareciera como si la piedra, ya tibia, se quejara en mis botas. No estoy cansada pero respiro algo deprisa…
Ahí, justo al otro lado de la colina, está el volcán en erupción. Un pensamiento infantil me viene a la cabeza: ¿no puede ser que el agua apagara al Pacaya? Porque tanta niebla hay, que no vemos nada. Nuestro guía, Edwin, me mira, como si escuchara lo que pienso. Estalla en carcajadas y nos manda bajar la colina, acercarnos, acercarnos…Huele a azufre, las gotas de mi chubasquero desaparecen, un extraño golpe de calor despeina mis trenzas. Acercarnos… Nos hablaron de llevar buen calzado, ahora lo entiendo: el calor del suelo funde las suelas. Ese suelo que comienza a resquebrajarse, veo líneas rojas a cada paso. Estamos andando por encima de la lava. Se oyen los borbotones, muy tenues. Los quejidos de la piedra persisten.
Ya no queda agua: llegamos al río. Quisiera acercarme y tocar y aplastar y masticar esa lava fundida, que avanza despacio, despacio. La sangre del volcán fluye sin prisa. Quisiera comérmela. Si una hoguera ejerce atracción a quien la mira, el hechizo de la lava es infinito. Quisiera tirarme en ella y sentir como se amolda a mi peso… Y a mi tiempo: tal vez obtener el mayor de los poderes.
- ¿Quieren mirar para acá?
Edwin introduce una rama en ese inmenso chicle rojo. Envidio a la rama… Dos segundos. Eso es lo que tarda en arder. Me conformaré con hacer fotos y asar nubes de caramelo. Porque la del volcán no es la sangre de mi sangre, fue soberbio pretender pasar el umbral. Y es tanto el calor que los ojos se nos cierran instintivamente, para no perder su humedad. Se oye el desprender de una roca. Cae despacio. Mis pantalones echan humo. Despacio. Somos todo agua –o como dicen acá, puro maíz-. Y ahora estamos en el puro fuego, Moria, las puertas del Hades… Mis brazos echan humo. La sangre del volcán y la sangre de mi brazo no pueden tolerarse más. Vuelve a mi mente otra pregunta infantil, ¿y si fuera el fuego el que estuviera apagando al agua? Ahora es fácil comprender a Empédocles: Aire, tierra, agua y fuego serán siempre contrarios. Quizás por olvidar esto, a Orfeo se le castigó tan duramente cuando quiso cruzar la Laguna Estigia. El agua soberbia de los hombres, que intenta contener al fuego.
-¡Apúrense! ¡Pronto no habrá camino!
Pensé demasiado tiempo. ¡Casi quedo rodeada por lava! Sigo a Edwin por el estrecho camino de materia sólida que aún nos queda. Un sonido hueco acompaña mis pasos. La roca se queja de nuevo, cada vez más frágil. ¿Y esa grieta?………….

Una corona de volcanes rodea la antigua capital de Guatemala. Antigua la llaman hoy, más modesta, pero con toda probabilidad, más hermosa que en sus tiempos de gloria. Acatenango y Agua ya callaron sus cráteres, pero Fuego sigue humeando. No nos permite olvidar que la belleza es efímera y siempre está amenazada.
A pocos kilómetros del volcán Agua, los colonos levantaron iglesias, conventos, monasterios, palacio de gobernación e incluso catedral, en la que se convertiría en el vértice del imperio centroamericano: La muy Noble y muy Leal Ciudad de Santiago de los Caballeros de Goathemala. Hoy simplemente: Antigua.
Calles adoquinadas, casas de colores con paredes un tanto descascarilladas, mercados de artesanía y mujeres mayas con sus vestidos tradicionales. No porque sea una feria, ni para atraer al turista. Siempre han vestido así y así seguirá siendo.
Así es Guatemala. Ni los volcanes, ni los huracanes, ni los seísmos, ni las lluvias, ni las hambrunas, ni Pedro Alvarado y los conquistadores, ni el imperialismo yankee y la United Fruit Company han acabado con el huipil y la sonrisa del maya.
El periódico vuelve a hablar de muertos. Un conductor de autobús se negó a pagar el “impuesto” a las maras y le cosieron a tiros. Ayer quemaban a tres mareros, dos de ellos menores de edad. Iban a cobrar a un comerciante a cambio de su “protección” pero a los vecinos se les agotó la paciencia… pero todo esto es en Guate, la nueva capital.
Acá en Antigua ha salido el sol y ofrece una luz excelente para visitar la que un día fuera catedral. Se empezó a construir en 1542, y cayó en 1668. Fue restaurada y dañada por sucesivos seísmos, hasta que el de 1773 arrasó la ciudad y se traslado la capital. En 1780 se volvió a reconstruir parcialmente, como iglesia parroquial. Así es Antigua.
Hoy los anglosajones vienen para estudiar español entre las ruinas de las iglesias. Sólo algunas paredes de las que trajeron los católicos quedan en pie. Los techos y las bóvedas son ahora las nubes y las estrellas. El musgo y las buganvillas comienzan a cubrir las columnas y el suelo como queriendo recordar que estaban aquí antes que el hombre y que siguen ahí cuando se va. Es entonces cuando el escombro se convierte en ruina.
Y aquí aún queda mucho escombro. Lo dejaron los conquistadores y los colonos, los abusos y los expolios, los dictadores marionetas que regalaban terrenos y bananas a cambio de armas, y los más 40 años de guerras civiles. Hoy las armas están en manos de desempleados, antiguos guerrilleros, mareros y traficantes.
La campaña electoral no despierta grandes esperanzas. Por todos lados quedan carteles con las imágenes de los candidatos, todos ladinos (mestizos). Rigoberta Menchu presentó su candidatura pero apenas se ven sus carteles, la mayoría de los mayas no sabrían leerlos. La población indígena ronda el 53 por ciento del total, una cifra muy cercana al porcentaje de abstención…
Las nubes se han zafado del volcán y vuelve a llover. En la plaza central, las marimbas compiten con la melodía de la Mano Dura (uno de los candidatos), que suena desde una furgoneta. Empieza a oscurecer y pronto no habrá nadie por las calles. Así es Antigua, así es Guatemala.

Miri/Polo: Andando por Chichi

Escrito el 24 de Noviembre de 2007

Llegamos bien pronto. ¿Para qué agarrar un bus a las once si está el de las seis? A quien madruga… se le deja llegar a Chichicastenango. La gente vive al ritmo del Sol. Después de desayunar, las calles de Chichi rebosan de actividad. Una señora con un bebé por mochila anda en busca de naranjas, los señores caminan con sus sombreros a la cabeza, caminan con calma, como quien tiene todo el tiempo del mundo o carece de destino fijo. Los jóvenes, en cambio, llevan gorra.
-¿Te fijaste? Como imitando a los gringos…
-Pero igual andan sin prisa.
-La prisa la llevan en los ojos.
¿Llevan prisa esos ojos entrecerrados, que oyen impávidos al charlatán de turno? Sí. Aunque su prisa no es la prisa por el mañana. De ésa tenemos mucho en Occidente: de querer que el futuro llegue pronto. La de Chichicastenango es prisa por el ahora. La mujer que me regatea unos quetzales al comprar mi huipil lo hace como si fuera lo único que es. Sólo existe eso: nuestro regateo. Sus ojos llevan la prisa de querer abarcar el momento. ¡Ahora! Ése es todo el tiempo del mundo…
-Llevamos tres horas mirando huipiles. ¿Te lo vas a comprar, o no?
Los tenderetes son muchos y los turistas pocos. No todos los días se presenta la ocasión de “encasquetar” un huipil por dos o tres veces el precio que pagaría un guatemalteco. En alguna ocasión hasta suben el precio que dijeron de partida. Aún así, siempre será más barato que comprarlo en Atitlán o en Antigua.
Son las doce: la hora de las tortillas recién hechas. En un comedor, nos sirven sopa de pollo y tamalitos. Huele a incienso requemado. Uno, dos… contamos los peldaños llenos de flores y de cestos que nos llevan hasta la ermita de paredes blancas. Siete, ocho… ¡Salto de cesto! En la puerta hay una fogata y unos hombres rezan algo en lengua quitché… ¿O están quemando basura?
Nos sentamos en la escalera a ver como se consume el fuego.
-El último bus sale en media hora.
-Tenemos todo el tiempo del mundo
-…

Miri: ¿Cómo decías que se llamaba…?

Escrito el 15 de Noviembre de 2007

Aldous Huxley aseguraba que el Lago Atitlán era el más bello del mundo. En Un mundo feliz, la belleza –para morir- estaba regulada hasta el último de sus bordes. Y lo contrario, aquí todo es cambio. Estamos sentados en las escaleras del puerto, miro a los lados y sólo veo volcanes: el San Pedro, el Tolimán y el Atitlán. Hace 85.000 años la tierra se abrió, y la lava llegó de Florida a Panamá. Tanta lava fue, que formó un agujero enorme de más de trescientos metros de profundidad. Entonces el lago mismo es un volcán colapsado: Lago Profundo. Terremotos, lava ardiente, tormentas…Todo lo terrible rodea este Lago. Su belleza es como la de las orquídeas que crecen en la zona… Siempre en amenaza. Todo es cambio. Aquí estuve hace dos años y entonces el sol brillaba, las aguas estaban tranquilas, todo era el azul. Lago Frágil. Hacía menos de dos semanas que el huracán Stan había arrasado con los doce pueblos –uno por cada apóstol- que lo rodean. Las calles eran un cementerio de hoteles vacíos y de artesanía polvorienta. Y al fondo, siempre el Lago Azul… ¿Las carreteras? ¿Dónde están las carreteras? A muchos pueblos solo podía llegarse en bicicleta, incluso los cementerios fueron arrollados… En una calle desierta, entre escombros, un patojo intentaba venderme un bolsito bordado: “Recuerdo de Atitlán”, ponía. Lago Terrible.
Después las aguas azules regaron los pueblos: ahora Atitlán está en calma. De nuevo la niña lleva los cestos de tamalitos en la cabeza sin perder el equilibrio. ¡Mira! ¿Viste? Ese patojo la acompaña con las manos en los bolsillos… ¡Enamorao que anda!
Nada de marimbas, aquí se lleva el rock religioso. En barca llegamos a Santiago Atitlán, y en este pueblo el rock se canta al Maximón. Un ídolo mezcla de dioses mayas, el conquistador Pedro de Alvarado y el Judas bíblico. La figura de madera está envuelta en pañuelos de seda. No tiene cara, pero fuma un grueso puro. Se oye un murmurar de oraciones. Al principio el cuarto está demasiado oscuro, pero al rato se distinguen una decena de personas con velas, ron y cigarrillos. Unos niños rodean al dios-maniquí, esperan que les demos unos quetzales para chicharrones… Se hace tarde. Bajamos por la cuesta del pueblo hasta el muelle… Vemos el Lago Intranquilo. En el cielo hay una enorme nube gris, una lluvia fina cae sobre nuestros chubasqueros. ¿Cómo decías que se llamaba?

PD: Sentimos la ausencia de imagenes pero seguimos teniendo problemas con el gestor. En cuanto podamos las subimos. Recordad que las podeis ver en www.flickr.com o en últimas fotos. Besos!

Polo: Olor a campo, a pedo y a cebolla

Escrito el 5 de Noviembre de 2007

Viajar. Un paso en la ciudad, un paso dentro del río, otro paso en la ciudad y un pasito en el mar. De nuevo un paso en la ciudad y vuelta al campo. Y estamos hechos de campo, comemos campo y respiramos campo, aunque nos empeñemos en las ventajas que ofrece respirar el dióxido de carbono de los tubos de escape y en viajar en Metro bajo tierra, como los topos. Pero no somos topos, somos hombres.
Los días en la ciudad son cansados, pero no se duerme bien. Los músculos no se cansan, no hay espacio para que lo hagan. Sólo se cansan las mentes.

Ocho kilómetros separan Zúnil de las Fuentes Georginas. Ocho mil metros de cuestas arriba verdes, flanqueadas por zanahorias del tamaño de mazorcas de maíz, repollos y flores. Unos centenares de pasos entre agricultores, con sombrero chapín y agricultoras con trapos que cubren sus cabezas. Gentes que yerguen sus espaldas, levantan su mirada de la tierra para sonreír mientras saludan al caminante. Los enormes machetes en sus manos no asustan, pero eso es sólo porque estamos en el monte. Esos mismos machetes, esas mismas manos… habría que verlas en la ciudad!
Una compañera me comentaba en Madrid que no sabía que el aloe vera era una planta. Todos nos reímos, pero ninguno (o muy pocos) habríamos sido capaces de reconocer una si la viésemos. Porque para nosotros el té crece en bolsitas, y la pimienta y la canela en frasquitos de cristal. La hierba crece entre asfalto y hormigón sobre la tierra que compramos en sacos de plástico en Fronda.
Pero lejos de allí, en la falda de la montaña guatemalteca huele a cebolla, pero nadie está cocinando. Unos pasos más adelante huele a cilantro y un poquito más arriba, los músculos se van cansando y la mente se va descansando, a medida que recuerda a que huele el aire y de que color es la tierra. Orquídeas y crisantemos, y de pronto -¿huele a pedo?- Es el azufre del manantial en lo alto de la montaña, que calienta las aguas para relajar los músculos, aquí arriba en nuestro destino: las Fuentes Georginas. Hoy dormiremos bien.

PD: Disculpad la ausencia de fotos pero tenemos problemas con el gestor. Besos para todos!!

IMG_5450 Guatemala. Justo dos años después de que fuera mi punto de inflexión, aquí estoy de nuevo. Xela (Quetzaltenango) es nuestra primera parada. Es clara, ordenada, agradable, repleta de huipiles y de cortes. La segunda ciudad más grande del país tiene algo más de cien mil habitantes. Aquí el aire es limpio y no tiene prisa. Pero daría igual dónde estuviéramos… Todo este país transmite una energía especial que aún no he visto en ninguna otra parte. Una extraña paz hace que, estés donde estés, tengas mil razones para caminarla, para caminar…No es mucho más grande que Castilla-León, es de los países más pobres de América, ha sufrido una guerra civil de treinta años. Pero da igual. Después de dos años vuelvo a sentir lo mismo: todo miedo se disuelve, te sientes con fuerza para poder hacer cualquier cosa.
No sé muy bien qué es. Podría deciIMG_5451r que es la sonrisa de sus gentes, su grandeza de corazón. Es demasiado abstracto… ¿Qué tal hablar de sus calles de colores, repletas de tortillerías y de vendedores de chocobananos? Pero es tan sólo una descripción… Todo se queda corto. Y qué más… En Xela nos sirven sopa humeante, frijoles, pollo crujiente, guacamol y plátano frito. El dueño del comedor se sienta a charlar con nosotros. Nos habla de mil lugares donde ahorita debemos de ir, de sus ganas de conocer la Andalusia española, de lo bien que va este año el Madrid. Poco más de un euro nos cuesta la comida. ¿Todo a su gusto? Nos pregunta que si queremos más limonada. ¡Que pasen un buen día! Todo es así. Y qué más…Qué sé yo, ya irá saliendo a retazos…¡Que os vengáis! El chocolate puede llevar canela, ser dulce o con un toque amargo… Pero siempre se vende en papeles de colores.

Polo: Mezcal, chocolate y chapulines

Escrito el 25 de Octubre de 2007

Hace apenas unos años. En las paredes de la pensión de El Chapulín los inquilinos dejan por todas partes y en decenas de idiomas frases de agradecimiento, alguna de esos días: “gracias por la hospitalidad a pesar de las dificultades, julio-2006”.
Paseando por la ciudad, no parece pobre…aunque puedas verlos comiendo chapulines (saltamontes). No se deje engañar, Oaxaca es el más pobre de los Estados Unidos de IMG_5395México, sólo hay que ir a los pueblos. Hoy los aires son frescos, huele a chocolate y en la plaza, junto a la iglesia, una banda canta a la tarde dominical. Las barricadas, la rebelión, la lucha y los muertos hoy quedan en las pintadas de las paredes: “Apoyo total a Oaxaca” se leía en su hermana San Cristóbal. “Nosotros queremos trabajar, la culpa es de los patronos”, sobre las paredes de un hotel oaxaqueño; “2 de octubre, no se olvida”. Pasan los tiempos, cambian los gobiernos, pero los tiempos no siempre cambian para todos. No igual para todos.
Unos kilómetros más allá la tierra se seca y deja apenas cactus y alguna que otra chumbera. Aparece la pequeña localidad de Mitla con sus ruinas mayas, para contarnos algo más de la escasez en Oaxaca. Desde allí una furgoneta a la localidad de Hierve el Agua sigue charlando de zapatos viejos, un par de gallinas y dientes que no por podridos dejan de sonreír.
IMG_5412 -Les obliga a casarse.
-¿Y si no?
-No les bautiza al niño.
Pasada la pequeña capilla, una caseta tiene escrito a mano en la pared: “fábrica de Mezcal”, 60 por ciento de volumen, souvenir obligado de Oaxaca (Nuestra botella la conseguimos aquí cerca, en El Tule, frente al árbol más grande del mundo). Un poco más allá Hierve el Agua. Al menos eso nos habían dicho, pero el agua de las termas no llega ni a tibia. El sol tonto de la tarde no calienta y apenas alumbra; tengo la piel de gallina. Sólo un precipicio verde al borde de la alberca, una patoja en cueros que persigue chapulines y unas cascadas solidificadas al fondo justifican el baño. -¿60 grados decías?, habrá que entrar en calor-.IMG_5401

Miri: Ronquidos en la Alameda

Escrito el 21 de Octubre de 2007

alameda

Si nunca sabes ni cuando entraste ni cuando has llegado del todo. Si no ves límites por ningún sitio. Entonces… “Los taxis los tienen que llamar desde el hotel.”, nos dicen. “Ah, ¿así son más baratos?” “No, no más es que nosotros llamamos a los que no secuestran.” ¡Entonces ya estás en el Distrito Federal! Una bandera inmensa luce sin vergüenza en el centro del Zócalo; la mayor ciudad de Latinoamérica y la tercera del mundo… En 1947, Diego Rivera retrató la Colonia, la Independencia y la Revolución mexicana en 74 metros cuadrados de mural. Es el Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central. ¿No los ves? Los bancos del parque llenos de mexicanos que roncan un futuro mejor, roncan pan, roncan rebelión. Algunos sólo roncan amor. Todos los personajes del mural son soñadores o soñados, excepto la muerte, la “huesuda”. Esa nunca duerme y mira de frente.

Es lunes, son las diez de la mañana y puede que en este Zócalo estén roncando más de cien mil almas. ¡Y a mí que me dijeron que era peligrosa esta ciudad! ¿Son un peligro los que sueñan? Cuesta trabajo moverse. Un mercado gigante, eso es lo que es. Tienes en el mismo puesto una máscara de lucha libre, una trompeta de mariachi y a la Virgen de Guadalupe. IMG_5364 Pero dejo de oír los ronquidos: son las diez de la noche, en el mismo centro del Zócalo. Ya no hay nadie en los bancos. Ahora nadie sueña en esta ciudad. Sólo deambula la nada de los nadies: Ahí va el marero que espera en los semáforos (por la noche está permitido saltárselos si se anda solo); algunos taxis “de los que no se piden en los hoteles” y mucha, mucha policía. “Disculpe, ¿para ir a la Plaza Garibaldi? Es que queríamos oír a los mariachis.” Nunca preguntes a un policía de DF que qué es eso de que le des una “mordida”. Se reirá y pedirá el doble de pesos.

Y por fin, en el Estadio Sol, el Maldito Duende nos llevó Mar Adentro. Héroes del Silencio entre nachos de queso y un público que se entrega tibio al “pinche rockero” de “la madre Patria”. Qué extraño, tanto sueño en una ciudad que nunca duerme… Quizás por eso. “Qué vamos a hacer los mexicanos, sólo dormir nos queda.” Da igual, nosotros dos cantamos a gritos. Alguien de al lado nos pasa su cerveza y sonríe. ¿Él?, él no se piensa despertar.

posterior »

  • Últimas Cartas

  • Los últimos en comentar

  • · mara en: Un angel de la guarda...· safia en: Miri: Isla Mujeres, la tierra del hombre-pez· Irene en: Miri: La sangre del volcán· Beatriz en: Marco y Polo· Marco en: Miri: La Ciudad de la Esperanza
  • Categorías